El Roto de Las Olas

Perderte fue la posibilidad que nunca tomé en cuenta.

Pero dime honestamente, ¿qué clase de artistas seríamos si no lloráramos así? ¿Si no muriéramos así? ¿Qué clases de dioses podríamos ser sin perdernos en los abismos y en la mierda?

Te amo y lo sabes aunque te odie, y sé que no fue directamente culpa nuestra ni de nadie. Pero maldita sea, ¡cómo duele!

Eres mi hermano y lo sabes aunque no lo seas. La mortalidad siempre estuvo a nuestro alcance, porque en realidad no somos dioses.

Cuando te vea sé que te abrazaré y lloraremos y reiremos como unos malditos (solos) y nadie lo entenderá. Y dentro de mi poder no dejaré que te pierdas más nunca a mi lado. Dentro de mi poder lucho por ti, porque sé que tú también lo haces por mí.

Que te digan que en parte es mi culpa y que soy una mierda y que nunca hice nada bueno. No es posible que te olvides de nuestra vida, de nuestro mundo interno, de nuestro mundo tan real, que sentimos con todos nuestros sentidos a través de los años. Lo que creamos no se puede morir así.

Si en algún momento se ve la realidad es cuando se lavan los ojos sin reservas. Y es una obra inmutable; lo es, lo es, lo es… Porque no hay nada más real que el roto de las olas, que la rotura de los planes de nuestro corto alcance físico. No dejaremos de ser jamás de nuestra especie.

Hay momentos en que sólo puedo decir MALDITA SEA, y que se jodan las putas monjas que me digan que no maldiga; porque no estoy maldiciendo un coño de madre si MALDITA SEA es lo único que siento. Es verdad; estoy logrando que no me consuma pero no puedo negar que está allí, ¡maldita sea!

Qué soledad ni que un coño de madre los malditos enamorados; hasta un perro llora si se acostumbra a dormir con otro. Nos entendíamos ya sin hablar, sin tocarnos, sin vernos. Yo conocí tus laberintos y tú los míos, y lamentablemente no pude prever este giro. Tú eras la fuerza y yo el orden. Pero sin ti mi orden se desordena y mi fuerza se confunde sin su igual. Mi fuerza ya no reconoce espejo.

Sí se puede, sabemos que se puede. Nos lo merecemos. Y este sacrificio pasará y demostraremos cuánto verdaderamente nos merecemos. Ahora podremos ser mejores que antes. Cada día nos hacemos más fuertes. Cada día se nos abre más la mente.

Le gritaré “¡Muérete!” a todo aquel que nunca se ha querido suicidar y sonreiré pensando en tus carcajadas.

Princesa

Aquí me siento a asentar
la gravedad del movimiento no opcional
¿Qué tanto de la culpa es mía?
El veneno no alcanza,
tengo miedo
No puedo respirar,
se me caerá todo encima
y me encontrarán
¿Cuánto más podré esconderme?
¿Y si estornudo?
¿Y si vomito?
¿Y si me río,
o me muero?

Princesa de las esclavas;
furia que pinta a tu garganta
estrangulada;
miedo que aflige a tus tendones
desgastados –
Se hilvana mi silencio y grita
CÓMO TE ODIO
con el pedal que contamina
a tu cuerpo eléctrico
desde mis plantas

La viña poeta

La viña poeta del amor asceta
da el vino holocausto que fuimos
por las vigas del moho inhibido
estrellamos las nubes azules de paso –
y de paso, nosotros (no[somos]otros)
que en vida comimos la lluvia veneno,
ahora nos lamenta el olvido del pueblo
por ser los primeros amantes pioneros
del odio, estamos todos muertos

Placebo de cuero

La muerte orgásmica
te deja erecto el pensamiento
La luna ya
no siento.

Espero no morder
mientras te miento –
Espero no mentir
mientras te muerdo
el prepucio espiritual
en la raíz de tus cabellos
que cabalgan mis sentidos
cuando ya te has ido.

Con mi boca,
a ti te sello
para enviarte de expedito
a algún capricho eterno
(o foráneo recuerdo)
y el extremo
quemo
por tu semen cerebral,
en mi vagina neuronal.

Mujer,
qué sabe vencer
Un hombre que solo
se bebe el deber
con dinero sincero
– y manchas de piel.

Placebo de cuero
y embriones de miel,
que bajo el abdomen
te comen
la sien.
Ve.
Lame mi fuero
y seré tu papel.
Combina mi entrega
con tu amanecer.

joint

Pastoral de Cobra

Empírica Pandora,
pequeña prostituta de actitud exploradora;
el mordisco de tu carne cagada me ha manchado –
y la obscenidad del odio no se puede lavar.

Sé que eres tú la oveja nueva
para expiar la orgasmitud de una necesidad manceba.
Tus cornos arios ya han dañado toda mi cosecha,
y sin embargo, aún no me pagas con tu dulce piel de cerda.

Mi regalo en zanahoria, no lamento;
del suicidio ya tenías conocimiento
Mi veneno aún permanece en esas venas,
pero no te has dado cuenta que soy yo la cobra vieja.

En el Hades ya no queda cobertura celular
Has sido tú,
el aposento afórico de mi hace-amado ñu
Me ha abandonado a tu
visión que ya no como nunca.