Mi omega

Le quisiera tocar
mis canciones;
y le quisiera tocar
tantas cosas,
que ya no le puedo mirar
indirectamente.
Cuando se sienta a mi lado
me asfixia con las feromonas,
y no aguanto las ganas de rozarle
la conciencia
con mi absoluta complacencia.
Me cuesta seguir mordiendo
la poca decencia que tengo,
porque mis manos
se acostumbran a pensarle
y compensar
por la tensión que, en mí, va
lento y se origina.
Quisiera regalarle mis eses
y el eje de mi zeta;
pues antes de enmudecerme,
era mi cuerpo analfabeta;
y antes que me analizara,
nunca me sentí completa;
y sin embargo
aún no le he visto
los umbrales.
A usted,
mi omega.

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