Anagrama

Tras la inevitable verticalidad,
caminaba el tenue amor de fibra angosta,
entretejiendo el desamarre
que desgarró la última cena

Y crespamente ataba la mentira
a mi cabello idílico,
sin concertar el anagrama de mis nervios.
Acontecida, yo esperaba cada día,
entre el medio y el indicio,
forestando un suplicio abiótico para las playas
que treparon mis dígitos cansados

Albor forajido,
en los rayos del rugido;
demanda su vagina un necesario aullido –
Y yo lo esucho todo, sin ningún sonido

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