Dementemente libre

Fui compañera de tu voluptuosidad orgánica
y tu cabello, triste y seductor,
me ha dejado las uñas azules.

Fue hace poco que me compartiste,
tiernamente y sin reclamos
en la cálida y frondosa noche gris,
en una habitación desconocida para ti.

Tuvimos convulsiones provocadas
por un espectador guindado
de mi espalda.

A veces te reías de los cuentos

Me lastimabas suave con tus uñas
mientras moraba en tu silente infierno

Y mi pistola no te molestaba;
y tú dejaste que me asesinara.
Yo fui feliz por demasiado tiempo,
y luego me enteré que estuve sola

Pero cayeron mil mordiscos aliviosos
y me quedé dormida sin querer.

Flores moradas

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