Caballo de corazones

Nada que llena el taciturno pecho
durmiéndose despierto y sin respiro
Los ojos orinándose callados
al darse cuenta del corcel dormido
Detuvo y se contaron los momentos,
los años que murieron esa noche
sin anestesia aullaban sin sonido
con las neuronas, bombas de vacío
La esperanza se acondicionaba a que el cabello
cubriera el envidioso oscuro
y la licuada ameba en el cerebro

Sin límites, todo que en los bolsillos iba
se lo tragó con rabia aquel futuro de la orilla
Y la arenosa orilla con sus dientes nos comía
Dinero sin rescate igual que todo lo que vale
Los valores se concentran al final en la barriga
Los ríos llegan destinados sin certeza
regando el cuerpo de color, amor a su cabeza
Sin suerte de alimento, lo bebí como cerveza
Los líquidos, a veces, son más sabios en botellas
Eros cortaba sin dolor, su olor entre mi lengua,
su movimiento rojo y la saliva autoritaria
Bebés ilusionados en la espalda de su esclava

La película venía ahora en la silla de ruedas
saludando con la prisa de un soldado sin deseo
con la mano entre su pecho de las playas que no están
Las estrellas se burlaban con cariño y compasión
Sin clamor ni sol, el apagado cine se fugó
Justicia a Roma, lo imposible, no hay lugar
Huelgo entre el coito y la psicodelia
La sensación de espacio entre los tiempos,
entre los signos temporales, pan del horno que dañó
Valle pequeño de sequía en la pre-víscera
y un huracán de sangre en las arterias

Verdad sin estatura y sentimiento nulo
Pregunta, vástago del cuervo pensamiento
y la desconexión simétrica por la avería
Sin avisar llegaron al extremo y los domingos
fueron desierto fúrico al abismo triste
Lenguaje, de enemigo noble un suave idiota
desesperando a su tropel confuso, con el aire
Gitano absurdo en la conciencia sin cercano
Trabajo de aspereza con amnesia
Hasta los huevos se recuerdan, pero hay batallones
Guerras de olvido en que se pierde todo
Y gana solo el invisible fuerte

Desorden sólito, vamos cayendo todos
Tras el enfado de las balas de semillas
y crece en nuestra carne media un árbol
Qué solitario manicomio, el que administra
Nuestro planeta, cárcel del universo
Mente, castigo de gloria
Severo dulce anclado entre las cejas
Martillo dócil de la tierna infancia
Laboratorio de una ciencia falsa
Inquisidor de esquizofrenia rota
Lluvia asesina, insistes en doblar mi coronilla

Fue lento el número que no se equivocaba
violento el cierre de los vidrios negros
y en un momento el vértigo encontró un asiento
y contemplaba el huésped de su causa
Lunático desprecio ovino

Zorca

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